Diario de un Ingeniero Informático

Vivencias, consejos y alguna cosa más de un Ingeniero Informático

¿Contraoferta? No se le ocurra aceptar

Posted by Jose Alberto Ruiz en agosto 10, 2008

En todo proceso de cambio de empleo hay un momento crítico, en el que las cartas se ponen boca arriba y ya no se puede renunciar a jugar la mano: me refiero al momento en que comunicamos en nuestra empresa que hemos aceptado otra oferta de trabajo, y que dejaremos nuestro puesto en dos o cuatro semanas. Ésa es la hora de la verdad, la que definirá nuestra trayectoria profesional y nuestra felicidad en los años siguientes.


Podemos esperar dos tipos de reacción por parte de nuestro interlocutor, que normalmente será nuestro superior directo. Puede que nos diga que siente perdernos como parte de su equipo, que comprende nuestras motivaciones, y que nos desea suerte. Puede que, en realidad, interiormente esté pensando que nuestra marcha tiene un lado positivo -no hay mal que por bien no venga-, y que “librarse” de nosotros le abre interesantes posibilidades de “mover piezas” en su equipo de colaboradores. Es un tipo de reacción que, en principio, debería reafirmarnos en la sabiduría de nuestra firme decisión de cambiar de barco.


Pero hay otra reacción posible, la de “espera, no te precipites, eres un componente valioso del equipo, ¿cuánto dices que te van a pagar?, tenemos grandes planes para ti, déjame ver qué puedo hacer?”, seguida a los pocos días de la principal arma de destrucción masiva de carreras profesionales: la contraoferta.


Por supuesto, recibir una contraoferta atractiva es un halago, un subidón para nuestro ego: “Parece que, en el fondo, aquí me valoran, están dispuestos a apostar por mí, mi relación con esta empresa y este jefe va más allá de lo mercantil. Vale la pena pensárselo, en el fondo aquí estoy cómodo, y si resulta que todavía tengo recorrido?”. Es cierto que la contraoferta sólo habla de dinero, y quizás de vagas promesas de promoción futura. No incluye un ascenso, pero la disposición es buena, y todo se andará?


¿Seguro? Hay otra forma de ver las cosas, y para ello nada mejor que adoptar el punto de vista de su empresa. A su jefe y a su compañía, su marcha les genera un problema inmediato. Para empezar, sienten que están perdiendo el control del factor tiempo. Usted ocupa una posición relevante, quizás crítica, y encontrar un sustituto válido no es algo que pueda hacerse de la noche a la mañana. Llevará tiempo, quizás cuatro o seis semanas, quién sabe si más, y mientras tanto habrá tareas importantes que estarán desatendidas. Para su jefe directo, además, la situación supone una carga de estrés y de desgaste ante sus propios superiores, que se preguntarán si esa área de la que la gente quiere irse está bien gestionada?


En realidad, la contraoferta que usted se siente tentado a aceptar es sólo la antesala de su defenestración. Para su jefe, el subirle el sueldo momentáneamente es un coste menor, un extra presupuestario de corta duración. Mientras usted disfruta al sentirse valorado y apreciado y vuelve a sus tareas rutinarias, después de pasar el mal trago de rechazar una oferta que ya había aceptado, su jefe habrá puesto ya en marcha la maquinaria para sustituirle en su puesto. La rueda de contratar a un cazatalentos, revisar CV y entrevistar candidatos estará rodando antes de que usted se de cuenta de que la transición ha comenzado.


Usted ha demostrado que no es un miembro fiable del equipo, y que estaba dispuesto a venderse -y a poner a su jefe en dificultades- por un plato de lentejas, y el hecho de que haya mejorado su sueldo podría servir de mal ejemplo para otros compañeros. Él se la guardará, y cuando llegue el momento, rodará su cabeza. O peor aún, no rodará, sino que usted será marginado, apartado de los proyectos estratégicos, de los cursos de formación -una inversión de la empresa en sus elementos más valiosos-, y, por supuesto, de los procesos de ascenso. En cualquiera de los casos, usted pierde a medio plazo.

Tal vez todo esto le parezca exagerado, y puede que exista en el mundo algo parecido a una contraoferta bienintencionada. Pero sería como encontrar un mirlo blanco. Hágame caso: si en pleno cambio de empleo recibe una contraoferta, ¡no se le ocurra aceptarla!

Fuente: José Medina

http://app.expansionyempleo.com/blogs/web/itaca.html?opcion=1&codPost=50101#

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